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Conozca a los galardonados
Robert E. Kahn, Presidente del Consejo, Director Ejecutivo y Presidente de la Corporation for National Research Initiatives
Robert E. Kahn
Crédito de la foto: CNRI
Robert E. Kahn
Presidente del Consejo, Director Ejecutivo y Presidente de la Corporation for National Research Initiativess

Robert E. Kahn es Presidente y Director Ejecutivo de la Corporation for National Research Initiatives (CNRI), corporación que fundó en 1986 tras un mandato de 13 años en la United States Defense Advanced Research Projects Agency (DARPA) de los Estados Unidos. La CNRI es una organización sin fines lucrativos dedicada a la investigación y el desarrollo de la Infraestructura Nacional de Información.

Tras una Licenciatura en Ingeniería Eléctrica obtenida en el City College de Nueva York en 1960, así como los diplomas de maestría y doctorado de la Universidad de Princeton en 1962 y 1964 respectivamente, el Dr. Kahn trabajó en los laboratorios de AT&T y Bell antes de asumir el cargo de Profesor Adjunto de Ingeniería Eléctrica en el Massachusetts Institute of Technology (MIT). Se ausentó del MIT para incorporarse a Bolt Beranek and Newman, donde actuó como responsable de diseño del sistema Arpanet, la primera red con conmutación de paquetes.

En 1972, el Dr. Kahn se incorporó a DARPA para desempeñarse como Director de su Oficina de Técnicas de Procesamiento de la Información, donde inició el Programa de Informática Estratégica del Gobierno de los Estados Unidos. El Dr. Kahn concibió la idea del interfuncionamiento de redes con arquitectura abierta, y es coinventor del protocolo TCP/IP, así como responsable del Programa Internet de DARPA.

Más recientemente, el Dr. Kahn ha desarrollado el concepto de una arquitectura de objeto digital con el fin de proporcionar un marco para el interfuncionamiento de sistemas de información heterogéneos. Asimismo es coinventor de los programas Knowbot, que son agentes de software móviles en el entorno de la red. Entre los numerosos premios que le han sido otorgados, el Dr. Kahn recibió la Medalla Presidencial de la Libertad en 2005 y la Medalla Nacional de Tecnología en 1997.
 
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Crédito de la foto: © Shutterstock

Entrevista con el Dr.Robert Kahn, coinventor de Internet

Pregunta: 1

Hace unos 40 años, usted le mostró al mundo cómo conectar diferentes tipos de computadores en diferentes tipos de redes informáticas. La Internet moderna es el resultado directo de sus esfuerzos. ¿Qué sentimiento le despierta ese inmenso éxito?

Robert Kahn: Cuando era más joven solía hacer piragüismo en aguas bravas. Apenas se deposita la canoa en el río ésta empieza a deslizarse a causa de las corrientes y produce un sentimiento un poco parecido al que genera la evolución de Internet, que ha sido como una violenta corriente de aguas bravas en la que entramos hace unos 40 y pico de años, y que aún sigue su curso. Es realmente sorprendente ver lo que ha ocurrido alrededor del mundo. En 1973 comenzaron los trabajos iniciales sobre el desarrollo del protocolo Internet y para mediados del decenio de 1970 la comunidad de investigación dio a luz una Internet embrionaria. No fue sino en 1983 que se adoptaron oficialmente para su utilización los protocolos de Internet.

Probablemente el más revelador de todos los eventos de los que he sido testigo fue la Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información celebrada en 2003 en Ginebra, cuando por primera vez presencié una agrupación de representantes de todas las naciones del mundo reunidos para examinar públicamente los efectos que tenía Internet en sus respectivos países y planificar la manera de hacer frente a ese fenómeno en el futuro.

Pregunta: 2

Hay quienes afirman que la arquitectura subyacente de Internet podría no dar abasto para cursar el tráfico en crecimiento continuo de nuevas aplicaciones muy ávidas de anchura de banda. Esos son los que preconizan que habría que considerar el futuro de Internet a partir de cero. ¿Están en lo cierto? ¿O la respuesta se halla en la evolución de Internet?

Robert Kahn: A mi juicio, Internet es un sistema de información mundial que permite que diferentes estructuras de componentes tales como redes, ordenadores y dispositivos de diferentes tipos se intercomuniquen mediante la transmisión de información entre ellos. La esencia de Internet estriba en los protocolos y los procedimientos que permiten que eso ocurra. Dichos protocolos y procedimientos están diseñados como para ser independientes del tipo de interfuncionamiento de red y de los componentes informáticos que lo integran.

Debemos mantener la red Internet en evolución. Y la forma de hacerlo es mediante su integración con lo que hay o la construcción a partir de lo que hay. No creo que sea necesario destruir lo que existe para crear un futuro mejor. Cuando se produjeron las redes informáticas originales, eso no se hizo a expensas de la destrucción de la infraestructura de telecomunicaciones. En el punto en el que nos encontramos hoy en día con Internet, podemos hacer lo mismo aprovechando las capacidades disponibles para crear aplicaciones nuevas y mejores, más poderosas y más pertinentes para el futuro, así como una infraestructura más adecuada para soportar esas aplicaciones.

Recomenzar desde cero no es realmente un enfoque práctico. Puede ser que en un momento lo haya sido, cuando aún no había nada a partir de que comenzara; pero una vez que se dispone de algo que se ha propagado ampliamente y es utilizado diariamente por una gran fracción de la población mundial, hay que manejarse con los elementos disponibles.

Pregunta: 3

Usted concibió la idea de una arquitectura de objeto digital. ¿Qué es eso exactamente y cómo funciona?

Robert Kahn: El funcionamiento de la red Internet, tal como lo percibimos originalmente yo y las personas con quienes trabajaba, entrañaba el desplazamiento de bits de un sitio a otro a escala mundial, sin necesidad de conocer detalles tales como la red que utilizaba la parte en cuestión, cómo encaminar los datos y así sucesivamente. Era una forma muy cómoda de pasar información (como de bits básicamente indiferenciados) de un lugar a otro, con fiabilidad y rapidez.

Lo que se me ocurrió hace algunos años fue que debíamos dar un paso más hacia adelante y comenzar a considerar a la red Internet como un vehículo para gestionar información, y no solamente para la transmisión de bits indiferenciados. El problema que plantea actualmente gran parte de la tecnología de Internet es que ésta es una función de otras tecnologías que están disponibles en la red. A título de ejemplo: cuando comencé a trabajar en el interfuncionamiento de ordenadores, solíamos considerar a los ordenadores en función del cable con el que estaban conectados a la única red existente. Pero luego empezamos a trabajar con múltiples redes, y entonces ese cable podía conectarse en realidad a otra red, por lo cual ya no alcanzaba con decir "envíalo por ese cable", sino más bien "¿y después?" "¿A qué otro sitio hay que mandarloir?" Así pues, concebimos el concepto de direcciones IP para identificar a las máquinas, independientemente del sitio donde éstas se encontrasen. Y luego tuvimos que idear un medio sencillo para que las personas recordasen esas direcciones. Se trataba de un tipo de aplicación, es decir lo que ahora se conoce ampliamente como el sistema de nombres de dominio (domain name system, DNS). A mediados del decenio de 1980 tomamos la decisión de adoptar el DNS, y desde entonces nos ha resultado muy útil durante los más de dos decenios trascurridos.

Cuando se creó la World Wide Web, la idea subyacente era que era básicamente posible simplificar los procedimientos que habíamos estado utilizando durante decenios. Se trababa de transformar los métodos de procedimiento, como tener que inscribirse en algún lado y tener que conocer exactamente qué teclas tocar, en una versión "pulsable" ("clickable"), basada en un URL, de modo que los protocolos hicieran entre bastidores básicamente las mismas cosas para usted. Pero ese enfoque estaba supeditado a la forma de implementación: nombres específicos de máquinas que se podían resolver a través del DNS y, posteriormente, incluirse en ficheros concretos en esas máquinas. Ahora bien, el período de semidesintegración ("half-life") de estos URLs no es muy largo, y probablemente antes de los cinco años la vasta mayoría de ellos ya no funcionará o producirá información diferente. Eso nos condujo a la idea de identificar literalmente la información representada en forma de una estructura de datos identificable de manera durable; a estas estructuras de datos las llamamos objetos digitales y, al asignarle a cada una de ellas un identificador separado, cada objeto digital puede identificarse de una manera única.

Pregunta: 4

¿Nos estamos quedando realmente sin direcciones IP basadas en la versión 4 actual del protocolo Internet? ¿Qué piensa usted de la transición hacia el IPv6?

Robert Kahn: El IPv4 es un protocolo de direccionamiento de 32 bit, que creamos en 1973. En ese momento estimamos que 8 bits serían más que suficientes para identificar a cada una de las redes; y también consideramos que los 24 bit restantes bastaban para definir qué máquina funcionaba en esa red. En realidad, tras la explosión de las redes de área local, y en particular de la red Ethernet, se empezó a ver claro que eso no era suficiente. Esa es la razón por la cual las direcciones IPv4 comenzaron a ser objeto de presión. Es evidente que, dependiendo de la manera de administrar las direcciones IPv4, esta versión del protocolo puede o no ser suficiente. Pero a juzgar por la forma según la cual se administran hoy en día, a causa de la falta de alternativas eficaces para utilizar una cantidad limitada de direcciones IPv4, parece evidente que estas direcciones se agotarán dentro de muy poco tiempo.

Esta fue la razón por la que se creó el IPv6, que utiliza direcciones de 128 bit. Se ha afirmado que eso es sufi ciente para identificar a cada uno de los átomos que componen el universo. La transición hacia el IPv6 no ha sido en modo alguno directa y sencilla y, en muchos aspectos, su adopción de manera generalizada en el mundo sigue siendo problemática. Pero supongamos que dicha transición hacia el IPv6 va a tener lugar, puesto que parece casi inevitable.

La verdadera pregunta es la siguiente: ¿vamos a utilizar el IPv6 de manera arrogante, para identificar absolutamente todo en Internet, o vamos a encontrar alguna otra estrategia más prudente y a largo plazo para hacerlo? Por ejemplo, si ponemos en funcionamiento un sistema que contiene cierto número de estos objetos digitales de los que hablábamos, digamos por ejemplo mil millones de objetos digitales, una posibilidad es asignarle a cada uno de esos objetos una dirección IPv6. Para mí esa sería una forma muy alocada de utilizar estas direcciones, ya que el IPv6 también se utiliza en parte con fines de encaminamiento. Se trata de un sistema mucho más complejo que si usted simplemente se dice, bueno, este objeto digital en particular que estoy buscando se encuentra en un sistema que tiene una dirección IPv6 determinada, y una vez que usted llega a ese sistema le dice: "dame el objeto que tiene este identificador único" –lo que no tiene nada que ver forzosamente con el IPv6. Y luego si ese objeto de desplaza, usted se dice simplemente, bueno, el objeto ahora está allá, o bien se encuentra en varios lugares, déme por favor el objeto que tenga el mismo identificador.

Pregunta: 5

¿Nos aportará el IPv6 la "Internet de las cosas", gracias a la cual por ejemplo los refrigeradores podrán intercambiar información con las estanterías del supermercado, o que nos permitirá prender y apagar el horno de microondas desde nuestra oficina que se encuentra a kilómetros de distancia?

Robert Kahn: No creo que la historia nos de ninguna orientación adecuada sobre lo que cabe esperar en estos casos. Por lo general, las visiones iniciales de lo que será el futuro tecnológico resultan erróneas. En la historia del teléfono, por ejemplo, se ha derramado mucha tinta en torno a Alexander Graham Bell, a quien se le atribuye el descubrimiento o la invención de la telefonía en los Estados Unidos, mientras pensaba que ese sería un medio muy adecuado para poder escuchar conciertos en el hogar. ¿Conoce usted a alguien que escuche conciertos por teléfono hoy en día? La historia está repleta de ejemplos que ilustran que la visión inicial de las personas sobre lo que podría ocurrir resultó equivocada, y con el tiempo surgieron medios socialmente más eficaces de utilizar la tecnología.

En el contexto del IPv6, cuando hablamos acerca de la Internet de las cosas o la gestión de identidades para particulares, de lo que estamos hablando en realidad es de información sobre esas entidades o particulares. Todas estas cuestiones giran en torno al mismo puñado de preguntas: ¿Cómo obtener la información? ¿Qué hacer con la información obtenida? ¿Es dicha información exacta? ¿Puede uno fiarse de ella?

 
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Crédito de la foto: © Alex Segre/Alamy

Pregunta: 6

Díganos algo más acerca de los "Knowbots" y del "handle system" que usted creó.

Robert Kahn: Una de las personas con quienes trabajé durante largo tiempo en la esfera del interfuncionamiento de redes es Vint Cerf, quien también recibió mucha publicidad por nuestros trabajos con Internet. Vint trabajó conmigo en DARPA durante muchos años, abandonó brevemente la organización para ir al MCI, y posteriormente se volvió a juntar conmigo en calidad de empleado número dos cuando yo asumí mis funciones en el CNRI; después de eso él permaneció en el CNRI durante unos ocho años.

En aquel período estábamos muy interesados en la idea de encontrar y gestionar información en Internet mediante el envío de programas móviles que pudieran ejecutarse en diferentes lugares, es decir que usted podía pedirle a esos programas que llevaran a cabo diversos objetivos por usted. Un importante motivo de inquietud para nosotros era que las organizaciones no iban a querer que un programa móvil, escrito por otra persona, apareciera en sus ordenadores y se pusiera en funcionamiento. Supongo que eso parecía como una especie de invitación abierta a los virus o algo peor.

Estábamos pensando en utilizar "estaciones de servicio knowbot", las cuales (entre otras cosas) serían responsables de inyectar programas móviles en Internet y de aceptar los programas móviles originados en otros sitios y ponerlos en funcionamiento. De este modo podrían aparecer múltiples programas e interactuar entre sí, y conjuntamente esos programas podrían de alguna manera encontrar la respuesta a una pregunta, o llevar a cabo una tarea. Aún queda mucho por hacer para que esto pueda ocurrir a una escala más amplia.

A principios del decenio de 1990, en vez de continuar por el camino del knowbot, decidí centrarme en el caso en el cual se suprime del paisaje al componente móvil. Como resultado de ello surgió la arquitectura de objeto digital. Se suponía que estos objetos digitales se almacenarían en emplazamientos accesibles en Internet, denominados depósitos, y que se podría acceder a la información que éstos contenían exclusivamente si se conocía el identificador del objeto. Así pues, no había que preocuparse acerca de la base tecnológica utilizada en ese momento o en cualquier otro momento en el futuro, ya que supuestamente, en caso de implementarse de manera adecuada, podía admitirse perfectamente este tipo de concepto.

Había que encontrar la manera de resolver los identifi- cadores para emplazamientos y otra información útil, como la capacidad para validar la información, incluida la identidad. Esta última capacidad consiste en asignar claves públicas a un particular, quien entonces puede verificar la información con una clave privada, o autentifi ca esa información, o bien accede a los términos y condiciones del objeto. Así pues, todo el concepto de arquitectura de objeto digital estaba basado en una visión más estática de estos programas móviles. Aunque se preveía que ésta podía utilizarse en un entorno móvil, en un principio los trabajos no apuntaban hacia esa finalidad.

En este contexto adquiere importancia la privacidad. Hoy en día hay en Internet motores de búsqueda que permiten localizar cosas que son accesibles públicamente, por ejemplo en la Web. Pero probablemente éstos no le ayudarán a encontrar registros médicos o financieros. La cuestión de la privacidad es una pequeña parte de una cuestión más amplia que realmente creo que la arquitectura de objeto digital apuntaba a responder: ¿cómo lograr que diferentes tipos de sistemas de información, que tienen razones para interfuncionar, sean capaces de hacerlo sin que alguien tenga que calcular específicamente y con antelación, para cada una de las posibles interacciones, como éstas deben ocurrir?

Pregunta: 7

¿Cuáles serían sus consideraciones finales?

Robert Kahn: El mundo está cada vez más conectado. Los decenios venideros van a ser tan estimulantes como los pasados, probablemente a una magnitud que actualmente no sabemos cómo predecir o imaginar. En última instancia, lo que va a impulsar y alimentar esa evolución es la creatividad del espíritu humano, y todo lo que nosotros podamos hacer para estimularla, vigorizarla y realzarla, vendrá probablemente acompañado de nuevas modalidades más adecuadas para atender nuestras necesidades sociales.

 

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